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Colegio Virgen del Pilar



¿CUANTOS "POLITICOS" HAN ENGAÑADO A NUESTRO PUEBLO? BLA,BLA,BLA...

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Sábado, 21 de Diciembre de 2013 23:18

Dim lights

El presidente de la Región Ancash (en la actualidad detenido por su presunta participacion en muchos asesinatos)visitó el 2014 al Distrito de Ticapampa. No dijo nada del relave en el centro del pueblo ni tampoco dijo nada que nuestro distrito se haya convertido en un "botadero de relaves". La educación en el Perú está en el último lugar en sudamérica, la educación no se mejorá con cantidad de colegios sino con la calidad educativa y con mejor alimentación a los niños.

Última actualización el Miércoles, 18 de Febrero de 2015 18:40
 

RECORDANDO A MIS MAESTROS

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Domingo, 17 de Marzo de 2013 10:47

ESCRIBE:
MAGNO EDUARDO RAMIREZ CHAVEZ
Artículo exclusivo para Ticapampa.com

En La Foto: Magno Ramirez y el Director Arquímides Rondán, un docente y los alumnos del Colegio Nuestra Señora Virgen del Pilar de Ticapampa.


Este artículo lo he escribí hacia mayo de 1995, como parte del proyecto para construir la futura Historia de Ticapampa.  Contiene algunos recuerdos, personajes, hechos y circunstancias ocurridas en la etapa de mi vida escolar.  Por la amplitud de su texto y porque no he concluido aún en su totalidad esta parte dedicada al recuerdo de mis maestros, (1), la presente solo está referido a la etapa escolar del Jardín de la Infancia.
Antes la etapa escolar se iniciaba el primer día de abril, mi primera maestra fue doña Licia Rondán de Arrivasplata,  quien fuera esposa del profesor Arrivasplata, (2) con quien tuvieron, si mal no recuerdo dos hijos; fallecieron trágicamente en el terremoto de 1970 en Huaraz, siendo ambos docentes en Ticapampa.  Creo que también fallecieron sus hijas, porque de ellos no se ha tenido noticia.
El Jardín de la Infancia, en 1965, cuando inicié mi peregrinar inacabado como estudiante, funcionaba en la casa de doña Celina Huerta Viuda de Rondán, casa que quedaba en la esquina de la calle central, donde terminaba el Jirón Virgen del Pilar, y hacía esquina con la pequeña calle que desembocaba hacia la segunda calle por la que se llega al templo de la Virgen del Pilar, en la esquina siguiente, con dirección hacia el norte, había un pequeño grifo (3) de propiedad de la Empresa Minera The Anglo France Silver Mining Co, a cuya continuación funcionaba el pequeño mercado y daba inicio al Jirón Francia.  Esa casa que nos albergó como estudiantes fue propiedad de la pareja conformada por doña Celina Huerta y don Atanasio Rondán, (4), pertenece ahora a sus herederos, el paso del tiempo lo ha destruido por completo.
No he olvidado nunca el primer día de clases; mi madre, (5) desde enero de ese aciago año de 1965, me decía que iba asistir con muchos otros niños al jardín de la infancia, aprendería a escribir y sobre todo a jugar, tenía un cierto temor, no conocía a todos los niños de aquel entonces, salvo a los que vivían en barrio abajo, en el jirón San Martín, (6)  a media cuadra de la municipalidad, con quienes frecuentaba.  Pocos eran los de mi edad,  Raúl Cáceres Maguiña (7) es uno de ellos, él es el más entrañable amigo de mi infancia, con quien guardo mil anécdotas, recuerdos familiares y aventuras.  Fuimos al Jardín justamente con él, recuerdo que muchas veces nos aventuramos a regresar solos a la casa. Como no era obligatorio asistir al jardín de la infancia en aquel entonces, no concurrieron varios amigos.  Asustadizo entonces, fui el primer día de abril de 1965 al jardín de la infancia, había que llevar una silla, por que el Estado, como ahora, no tenía presupuesto para la educación.  Entonces cargué como pude esa silla pequeña, y antes de llegar a la municipalidad tuve que entregar el encargo a mi madre, no solo me cansé, sino que empezaron los primeros sustos de enfrentar sólo una nueva experiencia, sin el control y la presencia de mis padres.   Pasando por esa especie de puente que cruza hasta ahora la calle,  y que nosotros le llamamos canal porque trasportaba el agua para producir electricidad en los tiempos de la empresa minera. (8) Cogí a mi madre del brazo como diciéndole que mi deseo era regresar mejor a la casa, mi madre aceleró el paso, entendiendo mis apuros, tratando de disimular; cuando pasábamos por las instalaciones de lo que fuera entonces la Empresa Minera The Anglo French, que explotaba en aquel entonces las minas del lugar, entendí que era un hecho inexorable, me dejarían solo, con gente que no conocía y con niños de otros barrios.  A la altura del grifo, frente a la casa de don Armando Valenzuela Moreno, (9), las lagrimas y el llanto “me ganaron” y entonces sí le dije a mi madre que me quería ir de regreso a la casa.  Me cogió de la mano y de pronto llegamos a la esquina donde se había instalado el Jardín de la Infancia.
Como solo nos encontrábamos en la puerta, salió la profesora, los niños que estaban ahí, me miraban con sorpresa, algunos se reían.  Mi madre se disculpó con la profesora, quien nos recibió la silla,  y me sacó casi a jalones para llevarme a la tienda que tenía don Asunción Campos (10) y me compró una bolsita de chocolates, que yo conocía, al que los niños de entonces le decíamos perdigones; contenía esa bolsita unas veinte unidades redondas bañadas con chocolate, que yo recibí presuroso y ya abierto, entonces como por encanto, se calmó mi llanto.  Regresamos y sin decir palabra alguna, ingresé a este nuevo mundo al que todos entramos, al mundo del estudio y de la intelectualidad, algunos para salir temprano, otros para salir a tiempo, muchos para no salir y unos pocos, como yo, para querer ir de regreso a vivir la experiencia.  Pensaba yo, en el errado pensamiento de niño, que le llamaban jardín de la infancia, por que habría enormes jardines donde los niños podíamos jugar, pero no, era una casa como cualquiera, un poco grande.
No se si puedo describir con exactitud a mi primera maestra, tenía yo cinco años cuando fui su alumno y antes que cumpliera los diez, la fatalidad quiso llevársela, tal vez mis pocos lectores lo recuerden de otra manera, quiero pasmar sin ensayos el recuerdo que tengo de ella.  Creo que era de mediana estatura y de regular contextura, no gruesa, de unos 24 o 26 años, no más; tenía la tez clara, ojos negros y redondos, el pelo no muy largo pero ondulado, casi siempre se peinaba con raya al centro, en ocasiones se ponía unas peinetas y en otras se ataba el pelo, andaba con vestido y con un mandil con tela de color naranja oscuro que le servía como guardapolvo. Vestía casi siempre de color plomo plata, y a veces con chompa del mismo color.  Tenía la voz juvenil, a veces chillona, cuando se enfadaba de algo volteaba la cabeza a un costado y hacía una mueca ya de disgusto, ya de risa.  Nos repartía nuestros juguetes, casi sin mirarnos, preocupada por lo que hacían los otros niños.  Muchas veces me miraba de frente, me agarraba los cachetes, se reía conmigo, - juega pues, tú eres muy tranquilo- me decía, poniéndome en el pecho un carrito de guerra, un tanque de guerra, que mi madre me dio para que jugara.
La maestra llegaba antes de las nueve al jardín de la infancia, durante este tiempo, mi madre me llevaba todos los días, era para mi una felicidad asistir puntualmente, aún en los mañanas más frías y con lluvia, nunca dejé de asistir, me hice muy amigo de todos los que nos matriculamos.  Ninguna niña de mi barrio asistió, eso creo, fueron si los hijos de los profesores y de algunas familias que trabajaban en la empresa minera los asistentes; creo recordar que muy cerca a mi se sentaba Edwin Roller Rodríguez, (11) que asistía con una de sus hermanas, creo que fue así.  También me parece haber compartido con Marcelino Huerta Huerta y Edgar Perez Huerta, me parece haberlos visto; les tenía miedo por que peleaban, sacando la corteza de los arboles secos, flagelaban a quien estuviera en su contorno.  No recuerdo más quienes asistieron conmigo al jardín, mis recuerdos son muy lejanos.
Por muy poco tiempo funcionó el jardín en la casa de la familia Rondán Huerta, nos trasladaron a un local que la empresa minera facilitó frente a la cancha de fulbito, por los estanques donde comenzaba el canal de agua que daba electricidad, donde tiempo después se reunía el sindicato de obreros de la empresa minera.  Ahí nos trasladamos, hasta que terminó el año, era un salón amplio y de un solo ambiente, con puerta de madera, color celeste, piso de cemento pulido color ocre, con las paredes pintadas color crema y un zócalo color cemento, era nuestro mundo.  Me gustaba tomar mi lugar al lado izquierdo del salón, en mi silleta de paja con brazos de madera moldeada: la profesora había dispuesto que se fijaran en la pared dos hilos de pasador, sostenidos por cuatro clavos y que ataban perpendicularmente el juguete, entonces como mi sitio era pegado a la pared tenía casi siempre mi juguete cerca, apenas se daba la orden de recreo, tenía en mis manos el juguete.  Así era la vida cotidiana, salíamos al recreo y nuestro patio de juego era la calle que daba frente a nuestro salón, no había en aquel entonces la canchita de fulbito que se construyó después.  No recuerdo si hubo alguna celebración o acontecimiento en el que haya participado.  Los pocos recuerdos que tengo de esta etapa, hacen que recuerde así a mi primera maestra con su sonrisa, sus ojos brillantes cuando algún pequeño le hacía reír, tal vez la hubiera descrito mejor si la vida nos hubiera regalado la oportunidad de agradecerle en la madurez, pero ella entiende, donde quiera que esté, estas líneas son apenas el recuerdo del niño que empezaba a escribir, así con todos los errores y con tantos borrones, sin embargo con la dulzura de la inocencia.
NOTAS:
(1). Al ingresar a la primaria mi primera maestra fue Consuelo Alvarado, en transición; en el primer y segundo años, tuve como maestra a Doris La Madrid Dolata y luego los tres últimos años de la primaria fui alumno del profesor, Juan Sáenz Phol. Estuvo como director el siempre recordado profesor Isidro Romero Guerrero.  Al ingresar a la secundaria guardo especial recuerdo de mis maestros, Violeta Alzamora, Zoila Ramos, Amanda Pajuelo, Juana Ardiles, Jorge Diaz Bustos, Raúl Izquierdo Vílchez, Andrés Trejo, Blas Rondán, Reverendo Padre Gaspar Alipio Jaramillo Cruz, fundador de nuestro colegio, todos excelentes maestro que nos forjaron como hombres de bien.  Tal vez de alguno me olvide, pero con lo mal que escribo a cada uno le he dedicado unas líneas, que espero publicarlos mientras se disponga de este espacio.
(2) Como recuerdo del Profesor  Arrivasplata debo de resaltar, que le gustaba el deporte, sobre todo el basquetbol que se practicaba en un gran nivel en la escuela primaria de varones 1343, donde era profesor.
(3) El pequeño grifo fue construido por don Jorge Chávez Arnao, fue transferido a la  Empresa Minera The Anglo France Silver Mining Co., estuvo ubicado al margen derecho de la calle principal de distrito cuando uno se dirige hacia el norte, donde comenzaba el Jirón Francia, años después, en ese grifo se abastecía combustible a los vehículos de la Empresa Minera Alianza.  En 1973 se incendió por más de tres horas, causando gran alarma en la población.  La noticia se difundió a tal punto que los familiares llegaron desde Recuay, según decían Ticapampa se había acabado.
(4) La pareja conformada por doña Celina Huerta y don Atanasio Rondán, tuvo tres hijos: Gerardo, Filomena y Delfín, todos fallecidos.
(5) Mi madre, Lola Chávez Arnao, es hija de don Alejandrino Chávez Valenzuela, hijo una antigua familia que se afincó en Cayac y de doña Francisca Arnao Sánchez nacida en Recuay.
(6) El Barrio conocido como San Martín se iniciaba en el margen derecho de la calle central de Ticapampa, en la pequeña callecita conformada por la vivienda de la familia Uribe y la casa en la que nací, a media cuadra hacia el norte del local de la Municipalidad y por el lado izquierdo con el pasaje que se dirige hacia el Colegio, en el que vivían a cada lado, la familia Huerta Catillo y Maza Uribe.  Tenía aproximadamente dos cuadras, hasta donde comenzaba el Barrio Primavera.
(7) Raúl Cáceres Maguiña es hijo de doña Elba Maguiña Tolentino y don Rubén Cáceres Ángeles, ambos amigos entrañables de mis padres.
(8) El canal que conducía el agua para producir electricidad fue construido en 1890 por la Empresa Minera The Anglo France Silver Mining Co, me cuentan que muchos ticapampinos trabajaron en la construcción, ente ellos mis abuelos Carlos y Elías Robles Valenzuela,  gemelos.
(9) Don Armando Valenzuela Moreno, nacido en Recuay, formó una gran familia, con doña Isabel Huerta Vivar, fue fundador del Obrero de Recuay, en mayo de 1938.
(10) Don Asunción Campos tenía en el jirón Virgen del Pilar una tienda-verdulería, su establecimiento amplio y surtido, olía a verduras y a dulces, era divertido entrar a comprar. Formó una gran familia con doña Alejandrina Trujillo, uno de sus hijos, Edy Campos Trujillo fue mi compañero de estudios en toda la primaria y parte de la secundaria.
(11)Edwin Roller Rodríguez, fue mi compañero en la primaria, hijo de Hernán Roller Gonzales y la profesora Blanca Rodríguez, docente en la Escuela 1336 de Mujeres.
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