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Historia

LA NAVIDAD EN TICAPAMPA

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Lunes, 24 de Diciembre de 2012 17:07

Escribe: Eduardo Ramírez Chávez Artículo exclusivo para Ticapampa.com

En varios diciembres esbocé unas líneas dedicadas al recuerdo que tengo de la navidad en Ticapampa, esto va ligado directamente a los preparativos que se realizaban en el pequeño templo y más precisamente a la actividad que desarrollaba el párroco del distrito, el Reverendo Padre Gaspar Alipio Jaramillo Cruz (1) para la celebración de la navidad.Quienes conocieron al padre Gaspar recuerdan que llegó a Ticapampa muy joven, tenía apenas 24 años cuando fue enviado por la curia a hacerse cargo de la Parroquia de Recuay, primero, para luego pasar a Ticapampa, en la que permaneció hasta su muerte (2).  Creo que primero debo de dibujar con los mejores adjetivos, el recuerdo que tengo de él, cuando se le veía con toda su alegría.  Tenía una buena estatura y un buen porte físico para poder haber sido un deportista, de cara alargada, pero de rostro firme, se peinaba sin raya, llevando todo su cabellera atrás y un poco a la derecha.  Caminaba con gran energía, más bien como queriendo remarcar sus propios pasos largos, de grandes zapatos, siempre medio botines, planos de amarrar; nunca se dejó ver sin sotana y el alzacuellos, respetuoso de los principios y obligaciones de la iglesia.Antes de ser su alumno en el colegio secundario, fui “pastorcito” en el coro de la Iglesia Virgen del Pilar, para la navidad, hacia el año 1970, año del terremoto y durante cuatro años, en que “la vergüenza” y el “qué dirán” acabaron con mi vocación y el deseo de seguir cantando en el coro.  Antes del terremoto del 70, el coro de la iglesia estaba ya conformado, casi en su totalidad por los niños del barrio abajo, encabezaba este grupo Maritza Blásido Ramírez y Paquita Flavia, su hermana; Guadalupe “Lupe” Villena Ramírez, mi hermana Gilda Mirta Ramírez Chávez, al que nos agregamos juntamente con los hermanos Sonia Rosario y Raúl Roque Rodríguez Farfán, Pilar Obregón Alvarado y sus hermanos Fredy y Jesús, los hermanos Raúl y Amparo Cáceres Maguiña y también Charo Cáceres. Algunos otros se incorporaron después, para adorar al niño el 24 de diciembre, el día central de la navidad; pero este era básicamente el grupo que empezada su faena de canto, nueve días entes, entonando las mejores canciones que el padre “Gashpa” enseñaba a sus “niños lindos” como nos decía.  Hacia el 10 o 12 de diciembre el padre pedía permiso a nuestros padres para integrar el coro, y con especial preocupación nos citaba a las seis de la tarde al templo, sentados todos lo esperábamos, para el ensayo, días previos al inicio de las novenas al niño Jesús, nos hacía formar en grupos de tres, de acuerdo a la voz que cada uno de nosotros tenía.  El villancico que le gustaba ensayar y entonar, era aquel que empieza diciendo: “ …Vamos Pastores vamos, vamos a Belén,..” hermoso villancico; luego era parte del repertorio ese otro clásico que comienza recordándonos el día de la navidad, “…. Veinticinco de diciembre, fun, fun, fun …” y también “…dale, dale, dale, dale a la zambomba , dale, dale, dale hasta que se rompa ….” Todos en versión distinta a las que hoy día se cantan.Debo resaltar la hermosura de voz que tenía el padre Gaspar, con qué fuerza e ímpetu nos ensayaba, corregía el rumbo desentonado de nuestro canto, con la tesitura hermosa de su voz de doble melodía. Cuando cantaba, parecía que dos voces se unían en su garganta, sorprendía escucharle.  Al iniciar este período de la navidad, había en cada noche algo de temor y miedo, nos reprochábamos entre nosotros la forma cómo habíamos cantado el día anterior o cómo habíamos interpretado las sonajas.  No puedo olvidar que Maritza, le advertía a Lupe, para que no levantara tanto la voy, “parece que tuvieras un micrófono en la garganta” le decía.  O nos llamaba la atención el padre, porque no se sentía la voz de los varones en el coro, “parecen todos niñas”, nos decía. Con el paso del tiempo sin embargo, nuestro canto fue afiatándose y casi siempre llegábamos al 24 con todos los villancicos bien aprendidos. Así afiatábamos la voz, entre anécdotas y risas que para mi se ha hecho inolvidable, por eso escribo, para compartir estos hermosos recuerdos que tengo de mi niñez y del padre “Gashpa”, a quien tanto amamos, como lo hizo todo el pueblo.Nuestra ubicación en la iglesia era al lado derecho del altar, cerca del púlpito, donde hasta ahora se ubican los coros en las ceremonias en que participan.  Ahí cerca estaba el melodio, hermoso instrumento de dura madera, marrón oscuro, que era ejecutado en la mayoría de las veces por el padre, quien además dirigía el rezo.  Faltando tres o cuatro días, para el 24 participaba con el melodio “Winchur” Gamarra, finado él, tocaba muy bien y nos entendía casi inmediatamente, se acoplaba al tono y el regular cantar nuestro.  Recuerdo que en alguna de estas ocasiones llegó con una bolsa y dos huevos crudos, era si mal lo recuerdo el día 23 de diciembre, antes de iniciar la novena, hacía un hueco no muy grande en la cáscara del huevo, los sacudía y un tanto mezclado se los tomaba así crudos, según decía, para proteger la garganta y mejorar la voz.  Nosotros, sobre todo los varones, queríamos hacer lo mismo, pero todo quedaba en el intento.Las novenas se iniciaban el 15 de diciembre, para ese día estábamos algo ensayados, y mejor vestidos, algún vecino mandaba hacer la novena, que por ser primera era sin duda la más importante.  El templo estaba bastante concurrido, el novenante y su familia, nuestros padres y muchos fieles que por costumbre iban al templo, eran los concurrentes.  A las ocho empezaba el rezo, y entonábamos cuatro o cinco villancicos, de los ya nombrados y otros que tal vez no recuerdo.  Todos los niños varones teníamos que llevar nuestra sonaja, que era, de acuerdo al gusto de nuestros padres, un armazón cuadrado de alambre más o menos grueso y con dos alambres más delgados, en los que poníamos chapas con un agujero al centro, que con su movimiento permitía un sonido; hasta siete chapas en cada alambre cruzado era suficiente.  Así le dábamos “sonido y musicalidad” a nuestro canto pueblerino, hermoso e inolvidable.  El novenante, siempre conocido del pueblo, invitaba al santo cura y a sus pastorcitos a pasar a su casa a tomar un ponchecito, con molletitos y sanguchitos, era bonito concurrir a las casas, algunos de los cuales nos brindaban algunos caramelos, tofes y biscochos.  Así conocí la casa de la familia Toledo, don Saturnino Toledo y su esposa, nos invitaban a su casa, ahí cerca de la iglesia, en la calle Virgen del Pilar, era una casa grande, pintada de blanco y con puerta de color plomo, antes de pasar a la sala se pasaba un pequeño patio, ahí permanecíamos un bien rato, creo que una hora, hasta que el padre nos pedía que nos retiráramos o se iba con nosotros.  También conocí la casa de la familia Colonia Valenzuela, don Santos Colonia y su esposa, doña Isabel Valenzuela, eran también los novenantes.  Así visitamos la casa de la familia Valenzuela Huerta, don Armando Valenzuela Moreno y doña Isabel Huerta Vivar, con mucho cariño nos acogieron ahí en su casa del Jirón Francia, donde comenzaban las casas de los empleados y obreros de la empresa minera.  Nos gustaba ser invitados a la casa de la familia La Madrid Dolata, mi maestra, la profesora Doris la Madrid Dolata, nos recibía con gran cariño.El padre Gaspar, era un tipo con gran talento, mucha cultura, gran orador, cuando había oportunidad, nos enseñaba el mensaje de la biblia, las parábolas y el significado del nacimiento de Jesús y de la muerte del hijo de Dios.  Le escuchamos, mil veces el Santo Rosario, difícil de entender, cansado y pesado para quienes como yo, íbamos a la iglesia más por participar y divertirse, que para entender el mensaje.  En mis oídos aún escucho su voz y recuerdo el gesto y su rostro cuando en un latín perfecto decía:Kyrie, eléison. Kyrie, eléison Christe, eléison. Christe, eléison Kyrie, eléison. Kyrie, eléison Christe, áudi nos. Christe, áudi nosChriste, exáudi nos. Christe, exáudi nosMás adelante iniciaba las letanías, que los repetía de memoria, sin ninguna ayuda, “ … Dios Padre Celestial”, sabíamos responder “ ten piedad de nosotros.” Ahí empezaba una pesada lista de todas las formas en que existe Dios y la Virgen, su madre, y los santos de todas los nombres y para todos los pecados; cuando el padre decía “Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo” había que contestar, “perdónanos señor”, entonces entendíamos que esta lista para nosotros interminable, se acababa.  Luego cantábamos algún villancico o un canto a la Virgen del Pilar, “… A la Virgen del Pilar, vamos todos a adorar, los sabores del querube y el incienso del altar …” Era el final, había que pensar a dónde ir invitados, así pasaban los días y las noches, entre esa solemnidad y respeto a nuestra fe, con ese calorcito especial que siente uno cuando está en el templo, o cuando luego de terminar la jornada se va a casa, con la enorme ilusión de empezar mañana.  Una noche, llegamos poco antes de las ocho de la noche y habían uno o dos parroquianos sentados en las bancas del templo, entonces sobre todo las niñas se adelantaron hacia la sacristía, llamaron presurosas, estaba ahí, a media luz, el padre, en medio de ese silencio, sentado en una silla, con algunas papales puestos en la mesa, lloraba, las chicas se le acercaron y luego de un profundo silencio se puso de pie y nos pidió que oráramos para que no se vaya de Ticapampa, que cantáramos como nunca, con el amor infinito a María y a Jesús, su hijo.  Hoy día, cuando escribo estas líneas, he tratado de entender la escena del hombre solitario, sometido a las reglas de la pobreza y el celibato, a las ataduras del hábito que lo encorsetaba,  estuve cerca de él, pero nunca pude descubrir quién le acompañaba, quién le daba un café caliente y una buena comida, pero ahí estaba, el fundador del Colegio Libertador San Martín de Recuay (3); el inmenso maestro que fundó para Ticapampa, nuestro Colegio Virgen del Pilar (4), el músico, el compositor que supo combinar en el himno inolvidable de nuestro colegio, el calor del cobijo de la Virgen y los tesoros de nuestro pueblo.Hasta que llegaba el 24 de diciembre, había que tener un poncho, un chullo y ojotas para personificar a un campesino, según dicen, Jesús nació en el pesebre, en la posada de gente humilde.  Las chicas se vestían, algunas de campesinas, otras de españolas o de gitanas para recibir ese gran día. Íbamos con toda la familia, nuestro pequeño templo se veía hermoso, lleno de luces, velas, incienso y adornos, todos impacientes para escuchar la misa desde las diez de la noche, no interesaba el frio, todos ahí como una sola familia. El nacimiento instalado en la parte lateral derecha del altar mayor, era uno de buen tamaño, la Virgen y José, los Reyes Magos y los animales, estaban íntimamente integrados a nuestro canto y nuestra edad, puestos ahí, empezaba entonces la Misa de Gallo.Al padre se le veía lozano, tranquilo, alegre, con la solemnidad que era capaz. Aparecía ahí vestido con el Alba de tela especial de una blancura delicada, sobre el que reposaba la estola, con filos rojos relucientes que colgaban desde el hombro y sobre todo esto, la casulla, con adornos color verde y dorado.  Ahí frente a nosotros el especial cantor de nuestras melodías, el inmenso orador, el formidable contador de pasajes de la historia universal, saliendo con su sahumerio color plata, moviendo rítmicamente la cadena, que en cada vaivén arrojaba el humo perfumado de incienso que cubría todo el altar mayor.  Nosotros ubicados en el atrio del templo, abierto plenamente sus puestas de madera gruesa, todos formados, contemplábamos emocionados el escenario, entonces el melodio resonaba y al son del villancico “ Vamos pastores vamos, vamos a Belén …” presurosos ingresábamos en fila de dos al templo, era el momento esperado, emocionados y sonrientes todos, íbamos avanzando en fila larga, en gran número, como doce o catorce niños, mirando al frente, bailando y cantando, hasta llegar a la parte central del altar, esperando estar todos, para saludar el nacimiento que ahí se instalaba, entonces todo era inmenso y hermoso, lleno de luces y calor, con olor a incienso y navidad.  Tomábamos nuestro lugar al pie del púlpito.  Doña Rosita Cerna Guardia en su obra maestra, Los Días de Carbón, describe con exactitud el templo, cómo se siente cuando uno está en una ceremonia importante, “En el lugar de en medio está la Virgencita del Pilar, la Mama Linda, como le dice el pueblo.  La gente dice que está viva, que ha hablado con los pobres muchas veces y que gasta los zapatos en las noches caminando los rastrojos de las granjas y la chacras…” (5).Luego de los ritos iniciales, desde el altar, el padre Gashpa se dirigía a los asistentes a quienes exhortaba reconocer sus pecados, luego la primera y segunda lecturas, entonces entonábamos el segundo villancico de la noche, “… sopa le dieron al niño, no se lo quiso comer …” .  En la consagración, que es la memoria de la última cena de Jesús, nos tocaba entonar “ veinticinco de diciembre fun, fun, fun,… ” era como llegar a la media noche, el momento del nacimiento del niño Jesús, el acto central de esta celebración que nos había ocupado varios días de ilusiones y alegrías.  Me tocó vivir esta experiencia por cuatro años,  entonces he querido una oportunidad para rendir homenaje al personaje del que todos los que le conocieron pueden hablar o escribir algo, aquel personaje al que tal vez buscaría presuroso Luigi Pirandello (6), sediento de personajes como el nuestro,  para el teatro, no para tratar de escribirles una historia, sino para que él le cuente tantas otras; no soy Luigi, pero debo decirles que tengo mi personaje, el de todo un pueblo, tantas navidades quise escribir unas líneas para recordar al maestro, seguramente he olvidado algunos detalles, pero esta líneas, sirven para decirle al recuerdo, “ven a mi casa esta navidad”(7).NOTAS:(1). En Padre Gaspar nació en Recuay.(2) En fallecimiento del padre Gaspar se produjo en Recuay, sus restos descansan en el Cementerio de Recuay.(3) El Colegio Libertador San Martín de Recuay fue fundado en 1961 por el padre Gaspar, en agosto de 2011 celebró bodas de oro.(4)  El Colegio Virgen del Pilar de >Ticapampa fue fundado por Ley N° en 1961, el padre Gaspar es su fundador, quien escribe esta nota forma parte de la promoción 1976.(5)  La Doctora Rosa Cerna Guardia que fue maestra en la Escuela de Mujeres N° 1336 de Ticapampa ha escrito un  cuento titulado Los Días de Carbón, se cita está contenida en las páginas 17 y 18 de la edición 2004 de Editorial Santillana.(6) Luigi Pirandello, escritor italiano, premio nobel de literatura en 1933, es autor de “Seis Personajes en Busca de Autor”, publicado por el diario El Comercio en el 2004.(7) Este artículo es el primero de tres referido al padre Gaspar, en el libro inédito APUNTES PARA LA HISTORIA DE TICAPAMPA, que estoy preparando.(8) En la fotografía que acompaña este artículo data del 13 de octubre de 1966, se le ve al padre en la procesión de la Virgen del Pilar en Ticapampa.

Última actualización el Sábado, 31 de Diciembre de 2016 12:14
 

METAL DE LA MINA HERCULES ANCASH PERU

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Miércoles, 25 de Julio de 2012 12:06

Pyrite, Arsenopyrite & Quartz. Mina Hércules, Ticapampa District, Recuay Province, Ancash Department, Perú 13.5 x 8.5 x 7.5 cm, $600

ashka kelle!

Última actualización el Domingo, 27 de Octubre de 2013 14:02
 

La Casa Gerencia es Patrimonio Cultural de Ancash

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Miércoles, 18 de Julio de 2012 21:25

Última actualización el Martes, 07 de Agosto de 2012 12:03
 
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