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LOS DIAS DE CARBON DE ROSA CERNA

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Escrito por ANIVAL TORRE CAMONES    Sábado, 29 de Enero de 2011 09:39

ESCRIBE: MAGNO EDUARDO RAMIREZ CHAVEZ

Artículo exclusivo para Ticapampa.com

“Poseo, como nadie la imagen del ave que un día murió en mis manos .Me he quedado para toda la visa su ultimo temblor y sus suspiro. Es como huella que llevo; Por ella todos podrán reconocerme como la mujer que tiene en sus manos una cicatriz embellecida por la semilla del trigo que teniéndola en el pico no alcanzó a tragar”.

La brillante escritora, doña Rosa Cerna Guardia, ha escrito hace ya un buen tiempo, un cuento para niños que lo ha titulado Los Días de Carbón, (1) que me permito comentar por que en el contexto recrea y hace trascendente las costumbres de nuestro pueblo.

La historia nos transporta a un escenario familiar, se desarrolla en un lugar sin nombre, en el que se vive a la usanza pueblerina y con las costumbres andinas. Maruja, su protagonista, narra con la mayor exactitud el escenario en el que transcurre el cuento; nos dice -Vivo en el campo, voy a cumplir diez años. Tengo un hermanito chico, Pedro, luego agrega- Conozco todos los colores del arco iris. Describiendo la casa en la que vive, cuenta: cuando se apaga la lámpara, mi casa parece una isla con todas sus cosas juntas; pero tan distante que hay que viajar toda la noche para encontrarla otra vez. (2) Así lo hace a través de toda la historia.

La sensibilidad con que la protagonista nos conduce por toda la historia, grafica la delicadeza de su autora y lo bien que se entrelazan con la sensibilidad y su dulzura, el amor por la naturaleza, ese olor a campo, a flores frescas, a agua limpia, ese algo especial de los niños del campo, en los ojos y en el alma, ese lenguaje directo de la tierra, del agua y del viento(3). Solo puede ser narrado de manera excepcional por alguien que ha sabido compartir, compenetrarse como lo ha hecho la autora, con las costumbres, el espíritu y el alma, de las familias que viven en el ande. Ahí, está acaso un poquito el aprendizaje entre nosotros, que se va acrecentando de manera culminante en sus diálogos. Este es el primer componente del cuento que me permito destacar como elemento sustancial en el relato.

A la casa de Maruja, la niña que va a conduciros hasta el final y que lo componen papá, Pedro; mamá, Teresa y Pedro, el hermano menor, llega una tarde lluviosa, bajo el poncho del padre un perrito, que roba para relato todo el protagonismo:

Carbón, qué nombre podía quedarle más a tono con su tamaño, su forma y la noche oscura en que llegó.(4) Este es el segundo personaje en importancia que tiene la obra, que incluye una variable para mantener la atención en la lectura.

Desde su llegada, sus diversas aventuras con las gallinas, los maíces y los aullidos y los pasos destructores por el interior de la iglesia, hasta su aprendizaje logrado algún tiempo después, luego de algunos gritos lastimeros por los castigos, se convierte en el centro de la atención, pues participa con los niños en todas las aventuras y también cuando está ausente, por causa no aclarada se pierde varios días en el pueblo, motivando que hasta el cura en la misa exhortara a los fieles a buscar a carbón, que con los ruegos a la virgen, apareció una noche, flaco y astroso. La autora aprovecha este personaje para explicar algunos conceptos en la formación de los niños que es el objetivo principal; también, es carbón y su desventura los que ponen fin a la historia cuando éste por ser protagonista de todo, aparece entre medio de un toro que ha huido de la plaza pueblerina, de la fiesta taurina, y lo enviste varias veces lo que le causa la muerte. Aún después de muerto sigue siendo el protagonista.

Me permitiré, como un simple lector, señalar algunos componentes que en el relato aparecen y que han sido tomados de nuestra costumbre y la cotidiana vida en Ticapampa, además de lo ya comentado. La descripción de la iglesia y la mención directa que se hace de la Virgen del Pilar, cuando relata su visita al templo un sábado por la tarde al catecismo del pueblo y dice: En el altar de en medio está la Virgencita del Pilar, la Mama Linda, como le dice el pueblo. La gente dice que está viva, que ha hablado con los pobres muchas veces y que gasta zapatos caminando los rastrojos de las granjas y las chacras. Lo sabe el santo cura, lo sabe el zapatero, que por devoción le compone los zapatos, y doña Paula, que asegura haber sentido sus manitas tibias al momento de ponerle ropa nueva para la fiesta (5), no hace sino ratificar que gran parte del relato es tomado de la vivencia de la autora en nuestro pueblo. Hay aún otro elemento nuestro, cuando habla de Zorzalito, un chico que va al catecismo desde la otra orilla del río, llamado Pedro Jacinto Pascual Rípac, y que canta algunas tonadas pueblerinas que la autora reproduce y que tienen en su composición un gran parecido a la composición que pertenece a Augusto Macedo Ramírez, titulada Cerrito de Ticapampa, y que fuera materia de comentario en este mismo medio, en la edición del año pasado. (6). Claro que se refiere al Río Santa, y a los niños de los centros poblados que forman parte del distrito, en el margen derecho del río, que venían al pueblo los días domingos a escuchar misa o los otros días a estudiar, cruzando puentes hechos con palos, que el río se los llevaba en las épocas de lluvia. (7).

Reproduce también para nuestro recuerdo aquella historia del ichic ollco, pequeño hombrecillo, que aparece en los orígenes de los ríos, a quien en la historia esperan juntamente con carbón, toda una tarde, allá, cerca al molino, pero no llega; o aquel relato que atento escucha carbón sobre los juegos de la gallinita ciega y el cullu suté, o las llamas, guanacos y guaguas hechas de masa y adornadas con masa de color negro que se logra de combinarlo con el hollín que en la puerta de los hornos se forman; los días de la primavera en el colegio y la navidad en el pueblo y el sabor dulce el capulì y el dìa de San Juan en la quema en los cerros, son también inmortalizados en esta historia, por eso es una creación imperecedera, en el que se combina de manera maravillosa la acronía, la historia sin tiempo. Es evidente que la fiesta de la Virgen del Pilar, que en Ticapampa se celebra en el mes de Octubre, desde tiempos inmemoriales, probablemente desde la llegada de los españoles, le haya servido a la autora para recrear su historia, y así es. Nos describe la iglesia del pueblo, con ese calor que sentimos todos cuando en octubre ingresamos para la misa y a la Virgen del Pilar, a la imagen antigua, que fuera traída de España, en los años cincuenta, por gestión del Comité Pro Templo que se formó en el Distrito. (8). El señor cura ha mandado bajar del altar mayor a la Mama Linda del Pilar, y con su traje nuevo y entre un mundo de colores en tules y escalones parece tocar el cielo con su corona de reina sonriéndonos desde arriba maravillosamente. (9)

Hace finalmente una descripción de los días de fiesta de la Virgen del Pilar, desde los vendedores ambulantes que se instalan en las calles centrales del pueblo, los monitos organilleros, que sacan papelitos de la suerte, los heladeros, los músicos, los cohetes y los altillos que han sido levantados, en torno de la plaza principal del pueblo, con barreras y un toril y por su puesto la tarde de toros que se tiñe con la sangre de un espontáneo de esos que se mete en la plaza para cumplir el designio de mejorar la fiesta con su sangre.

Este es el momento culminante de la novela, no solo por la descripción y el alarde que la autora hace del conocimiento de la costumbre, sino porque, a mi juicio, es el momento al que nos ha querido conducir la historia, pues el toro, que se escapa del toril en su marcha desenfrenada encuentra la Carbón, que con su muerte salva la vida de las gentes y muere como un héroe. La autora de tan brillante obra ha merecido doce premios nacionales e internacionales y con Los Días de Carbón, recibió el Segundo Premio “Lazarillo” en España en 1968. Posteriormente, con esta misma novela mereció el Premio Juan Volatín que entrega la Municipalidad de San Isidro. Es pues importante que nosotros tributemos un homenaje aún cuando sea con un comentario.

NOTAS:

1. El cuento en comentario fue escrito en 1966, la edición que comentamos fue publicada por La Editorial del Grupo Santillana, Primera Edición en septiembre de 2004 y reimpresa en mayo de 2005.

2. El autor de estas líneas tuvo la oportunidad de conversar con la brillante cuentista y escritora, doña Rosa Cerna Guardia, con ocasión de la misa al celebrarse el primer mes del sensible deceso de quien en vida fuera, doña Mercedes Pajuelo, esposa del brillante maestro don Manuel Cerna Guardia, con cuya narración y evocación de su paso por la antigua Escuela de Varones 1343 de Ticapampa, nos deleitáramos el año pasado en la quinta publicación de esta, cada vez más franciscana revista que me he permitido difundir desde el año 2001, aprovechando nuestro aniversario institucional y la Fiesta Patronal en Homenaje a la Virgen del Pilar de Ticapampa. Le dije entonces que el libro era de lectura obligatoria en muchos colegios y que había tenido alguna referencia de la importancia del cuento. Me dijo entonces que la historia se desarrolló en parte en Ticapampa, lugar en el que había sido profesora en Escuela de Mujeres, entonces, presuroso me he tomado un tiempo para leer y poder compartir con los pocos lectores su contenido, pues involucra a nuestra tierra.

3. Ob. Cit. Págs 10 y 11.

4. Ob. Cit. Pág 12.

5. Ob. Cit. Págs 17 y 18.

6. En APUNTES PARA LA HISTORIA DE TICAPAMPA, documento inédito que ha escrito el autor de esta nota, Página 76. La composición fue gravada en el sello Virrey el 8 de Diciembre de 1961, en disco de carbón. Hasta hace tres años Ticapampa ha tenido puentes de palos que atravesaban el Río Santa, algunos compañeros míos que estudiaban primaria conmigo tenían que pasar el río con gran riesgo, nunca pudimos construir un puente pese a que por más de trescientos años se explotaron las minas de Ticapampa, nuestro miedo y la mediocridad hicieron que no desarrolláramos como pueblo.

7. Hasta hace tres años Ticapampa ha tenido puentes de palos que atravesaban el Río Santa, algunos compañeros míos que estudiaban primaria conmigo tenían que pasar el río con gran riesgo, nunca pudimos construir un puente pese a que por más de trescientos años se explotaron las minas de Ticapampa, nuestro miedo y la mediocridad hicieron que no desarrolláramos como pueblo.

8. La corrida de toros es la más difundida tradición en Ticapampa, Por primera vez se contrataron toreros profesionales en Octubre de 1962, cuya cuadrilla encabezó el laureado torero don Rafael Santa Cruz.

9. En Los Días de Carbón. Pág. 94.

Última actualización el Sábado, 12 de Febrero de 2011 09:27
 

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